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Día: 31 de agosto de 2017

DIOS

Dios

Si tú imaginas que creer en Dios te ubica en un espacio de santidad y de religiosidad únicos, quisiera preguntarte, ¿en qué Dios crees? ¿Qué nombre tiene? Si ese Dios está presente en las Escrituras Sagradas y eres un lector ferviente de esos textos que se corresponden con tu religión, te pregunto ahora, ¿Está Dios en esas escrituras para guiarte, enseñarte, prepararte y darte el aprendizaje que requieres acerca de Él?

Si tu conocimiento acerca de ese Dios es algo intelectual, y eres capaz de recitar los libros con exactitud, de memoria, con una gran precisión y maestría, te pregunto, ¿cómo haces para conectar con el Dios verdadero y no con el Dios que se encuentra en tu mente, en tu memoria, en tu conocimiento, en tu recuerdo, en tu pasado?

Siendo Dios el que se ubica más allá de tu mente, lo único que puede tu inteligencia llevar a cabo es la construcción de una imagen de Dios que proviene de la estructuración de lo conocido acerca de Él. ¿Puede Dios ser lo que tú imaginas acerca de Él? ¿Puede tu imagen mental acerca de Dios sustituir la Verdad, la Luz y el AMOR de Dios? ¿Puede tu creencia en lo que te imaginas que es Dios, acercarte o alejarte de Su Presencia? ¿No es Dios lo que trasciende la palabra y la idea, la razón y la imaginación?

¿Cómo puedes acercarte a Dios entonces? ¿Será que lo aprendido, conocido, estudiado y razonado se puede llegar a convertir en un obstáculo para llegar a internalizar Su Energía, Su Presencia y Su Luz? Si fuésemos al encuentro de Dios, ¿tendría algún sentido presentarme ante Él con alguna riqueza, con algún linaje, con algún conocimiento, con alguna destreza, con alguna creencia? ¿Será que eso que presumimos al decir que Dios está en los que pertenecemos a determinado culto, creencia, religión, secta o grupo, y que, por lo tanto, al estar con “nosotros” no se encuentra con “otros” es precisamente el resultado de nuestra mente experta en separar, dividir y fragmentar?

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