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El elegido

Bandera
La respuesta a la pregunta acerca de cómo pudimos llegar hasta aquí, es bastante sencilla. Estamos ubicados en el mismo espacio en el que están ubicados nuestros gobernantes y líderes.
Cada venezolano ha creído que al elegir a un gobierno o al seguir a un líder su vida cambiaría. Abrazamos la atractiva idea de imaginar que alguien que gobierne o mande va a facilitar nuestra vida y accionar: podré acceder a una vivienda y a un carro, tendré prioridad para conseguir un puesto de trabajo en un organismo oficial, obtendré contratos, comisiones u otras dádivas, podré beneficiarme a través de un familiar o alguien muy cercano que esté muy bien ubicado entre los dirigentes de turno, etc.
En fin, cada uno está confiando en que afuera, es decir, en la elección de los que dirigirán nuestros destinos está la clave para poder salir adelante. Hoy en día los votantes se pliegan a la opción que les suministre al menos una bolsa de comida con cierta regularidad, sin importarle cuanto le cuesta al país importar sin producir.
La meta de cada uno es conseguir en el otro lo que le hace falta, lo que desea y hasta lo que sueña. Pues bien, esos dirigentes que hemos votado y elegido son nuestro reflejo porque ellos también están haciendo exactamente lo mismo. Se ocupan, en primer lugar, de satisfacer sus deseos personales, de acrecentar sus propios patrimonios financieros y de alcanzar su propio y personal beneficio.
Electores y elegidos sólo piensan en sí mismos, en sus propias metas y en su propia prosperidad, y si ello implica el menor esfuerzo posible, mejor. Los que buscamos que nos resuelvan la vida, elegimos gobernantes que desean, ante todo, resolver sus propias existencias. Son exactamente iguales a nosotros con la única diferencia que nosotros esperamos de ellos lo que ellos esperan del poder.
El poder se traduce en dinero, bienes, propiedades, inversiones, empresas, lujos y un sinfin de exclusividades. Esos gobernantes sueñan con lo que obtendrán cuando lleguen al poder y nosotros soñamos con obtener nuestra parte,  por pequeña que sea, en este festín romano.
Cuando seamos una sociedad que valore, la formación, el trabajo, el esfuerzo personal, la autonomía y la no dependencia, cuando tengamos un criterio propio y un pensamiento no condicionado ni limitado por creencias, partidos, ideologías, y en general por cualquier imposición nacida de liderazgos; en ese momento estaremos preparados, no para elegir al que nos gobierne la vida, sino para seleccionar a los que sean nuestros representantes y no nuestros amos.
La libertad no consiste en de decir lo que se desee ni hacer lo que se quiera, la verdadera libertad proviene de la decisión de asumir la responsabilidad de conducir tu existencia sin tratar de buscar atajos externos que nos permitan obtener más de lo que estamos dispuestos a ofrecer.
Víctor

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