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Mensaje 21 de junio de 2010

Querida Alma

Si uno pudiese hablar de los problemas del hombre actual, sería pertinente comenzar por el que es más es operado pero el menos cuidado:

El mayor de los ruegos del corazón es el de ver hecho realidad tus deseos en tu vida.

Ningún humano en su transitar por este plano podría negar que gran parte de su energía es absorbida por esta disyuntiva, pero si la analizamos objetivamente veremos que dice y que oculta semejante reflexión.

1.- Si los deseos del ser humano parten de la idea (totalmente subjetiva) de creernos en capacidad de saber que necesitamos en nuestra vida, estaríamos asumiendo que somos obra de nuestra propia creación y que por ende nosotros, y nadie más que nosotros, puede saber que requiere nuestra obra maestra “nosotros mismos”.

2.- Lejos de prevenir el hecho de contar con un cuerpo que sabemos: alimentar, vestir, equipar, decorar, abastecer, sanar, limpiar, asear, capacitar, etc., está el hecho subyacente de contar con un significativo modelo de acción y presencia para la experiencia corporal en el mundo que puede darnos la sensación de ser y estar presentes en este plano.

3.- Con el dominio denominado “estado de ser” que consiste en estar en cuerpo presente y al mismo tiempo ser conscientes de nuestra naturaleza espiritual, nos coloca frente a otra disyuntiva: ¿Somos cuerpo o somos espíritu?, si somos cuerpo, requerimos lo que ya sabemos pero, ¿si somos espíritu, que necesita o requiere el espíritu para ser?.

4.- Si esto no aclara la situación entonces vayamos más lejos aún al aclarar que: si realmente somos algo, no estamos totalmente seguros de lo que finalmente somos, si no estamos seguros de nuestra naturaleza, amén de nuestro origen y nuestra misión, ¿como tenemos la osadía de pretender saber que necesitamos?, quien es lo suficientemente inteligente para responder a alguna de las anteriores interrogantes, está en capacidad de saber con toda certeza, claridad y objetividad, lo que necesita y requiere en este mundo, ¿estás entre las personas que tiene alguna respuesta para ofrecer?.

5.- Finalmente, si nunca hemos tenido una respuesta que ofrecer a las interrogantes antes mencionadas, ¿no sería lógico hacer estas preguntas a quién nos las pueda responder?. ¿No sería pertinente solicitar a Dios nos ofrezca las respuestas a estas y todas las preguntas que tienen que ver con nuestra razón de ser, nuestra misión y nuestro espacio y tiempo para llevar a cabo Su Plan, que es el único posible ya que Él nos concibió y sólo Él sabe para que estamos aquí?.

Hasta siempre

Víctor

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