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El Hijo de Dios

Llamar a tu ser el Hijo de Dios no es un elaborado intento de creer que eres especial. Si tú eres Hijo de Dios es porque El Creador es Aquel que fue capaz de establecer un espacio para que Lo Creado tuviese el don de crecer, desarrollarse, evolucionar; y este lugar es el especial estado que elegimos desde el grado de elevación que deseamos establecer en nuestras vidas.

La Creación es, por lo tanto, el fruto del árbol (Creador) y cada fruto a su vez posee una o más semillas portadoras de vida. Si el fruto escoge vivir en el olvido total de su origen y no reconoce de donde proviene; entonces estará sometido a la oscura vivencia del que abandona su tierra y luego comienza a errar por el mundo sin poder entender donde comenzó su veloz necesidad de AMOR, respeto, UNIÓN y Armonía en su existencia.

El desterrado es aquel que no reconoce su legado, su herencia, su poder y su gloria y se declara a si mismo carente de todo, “no posee nada”. La virtud de aquel que acepta su rol de Hijo de Dios es que a partir de ese momento su afirmación lo lleva a entender la llamada a establecer en su vida el encuentro con la vivencia de La Verdad y es en ese contexto que la inolvidable presencia de tu divinidad se hace presente para orientar tu existencia en el amplio camino de la elección del Creador Dios como Tu Guía, Maestro, Padre y Verdad en tu vida corporal y espiritual.

¡Es así!

URIEL

canalizado por Víctor

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