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De la postura racional a la presencia iluminadora

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Cuando observamos nuestra realidad presente lo podemos hacer de dos maneras:

1) Desde la convicción de estar siendo invitados a actuar desde el conocimiento que tenemos de aquello que la vida nos ofrece y para ello seguimos el mismo patrón y la misma orientación que surge de nuestro análisis, nuestra comprensión y nuestras creencias.

2) Desde el reconocimiento de lo que la situación planteada produce en nosotros a nivel de nuestro sentir y nuestra emoción. Observar cómo eso que sentimos provoca en nosotros reacciones, dudas, temores, inseguridad, indignación, sorpresa y cualquier otra emoción. Hacernos conscientes que eso que sentimos es nuestro y de nadie más. Eliminar todo juicio y hacer una invocación a Dios, a la divinidad, al Universo o a nuestro SER, para que nos enseñe que camino, que estrategia y que acción debemos emprender, con la convicción de que nuestra experiencia, conocimiento y destrezas de nada sirven par enfrentar lo nuevo y lo novedoso que llega a nuestra vida.

La primera vía es una invocación a la repetición de patrones, a la revisión de lo que conocemos y al encuentro con nuestra limitada y condicionada actividad mental.

La segunda vía es el camino a lo que trasciende lo conocido, lo vivido y lo racional, para ubicarnos en un espacio en el que la intuición, la respuesta reconocida como sentir y hasta la revelación o iluminación se transforman en la guía y la brújula que nos conduce, sin importar nuestras creencias, limitaciones y pasado.

Este es el recorrido que emprenden lo que son capaces de negarse a sí mismos para abrazar lo que los integra a una inteligencia superior o infinita.

Víctor

Jesús en el mundo, Jesús en ti

 

 

Perpetuar la orientación de tu reunión Conmigo significa NO guardar ningún conocimiento adquirido para ir al encuentro con Mi Luz que es el verdadero conocimiento

Una presentación de lo conocido equivale a retener y acumular lo que ya aprendiste  con el propósito de que ese conocimiento resuelva las situaciones de tu vida presente.   Eso que ya sabes lo utilizas una y otra vez  para solucionar lo que te organiza en el espacio del hacer en tu trabajo o en algún oficio. Por eso este hacer es una repetición de lo que has hecho y de lo que sigues haciendo para ganarte la vida.

Acumular conocimientos técnicos aumenta tu destreza, tu experticia, tu desempeño y tu productividad. Todo eso está bien; pero al hacerlo te repites a ti mismo y actúas como lo acumulado, lo aprendido, lo experimentado, lo ya vivido… No puedes ser sino lo mismo que fuiste y lo que sucederá en el futuro será la perpetuación de tus miedos, tus angustias, tus pesares, tus placeres, tus increíbles dudas y tu desconfianza.

Volver a retirarte de lo que tienes frente a ti para buscar en el pasado lo que crees ser   te ubica, cada día, en el mismo escenario de reacción, de defensa, de conflicto y de separación Toda la puesta en escena de tu experiencia la trasladas a cada lugar donde te desplazas y olvidas que la única creación es la que tú mismo llevas a cabo. Olvidaste que eres Mi Imagen y Semejanza para ponerte a imaginar que lo creado era lo que te gobernaba, ¿entiendes?

Jesús

 

 

 

 

¿Por qué la ignorancia?

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La ignorancia es lo que nos asegura que lo que está presente en nuestra vida no lo podemos entender y por ese motivo no lo podemos juzgar.

Saber es lo opuesto a la ignorancia pero, ¿qué sabes tú realmente? Si supieses que es lo que acontece en tu vida, ¿seguiría sucediendo? Si lo que tú consideras que es tu sacrificio, tu sometimiento, tu dolor y tu sufrimiento, ¿seguirían presentes de conocer tú el origen y la razón de su permanencia en tu experiencia?

¿Sabes por qué no eres feliz? ¿Sabes por qué estás en el mundo? ¿Sabes por qué este mundo es como es? ¿Sabes por qué crees que sabes algo? ¿Sabes qué es lo que viniste a aprender a este plano? ¿Sabes si eres eficiente, competente, exitoso, servicial y/o inteligente? ¿Sabes cómo salir adelante sin la ayuda de nadie?

Si conoces todas estas respuestas, te diré simplemente que al conocerlas no eres capaz de ir más allá de tu mismo conocimiento, tu mismo condicionamiento y tu misma limitación. Conocer las respuestas de tu vida te condena a vivir según tus propios pensamientos, creencias, ideales, prejuicios y miedos. Conocer tu propósito te coloca en una dirección, en un camino, en un orden, en una elección y en una meta.

¿Qué será entonces la ignorancia en medio de aquello que reconocemos como nuestra experiencia y cómo podría afectar a nuestros juicios, conclusiones, condenas, preferencias y objetivos?

¿Puede la Verdad ubicarse en lo que yo creo ser o más allá de ello? ¿Puede mi orientación ser un recorrido que provenga de mi mente o de mi corazón? Si no sabes y lo reconoces, ¿buscarás las respuestas en alguien que dice saber y conocer o en tí mismo? ¿Puede la Verdad pertenecer a alguien pero no a mí? Si la Verdad es lo que no está limitado ni condicionado por mí, ¿cómo puedo llegar a ella?

Si tu reconoces que la Divinidad está presente en ti, ¿vas a ir hacia ella a través de tu conocimiento o a través de la ausencia de éste? ¿No es tu conocimiento lo que sostiene y apoya este mundo tal cual lo conocemos?

Si el conocimiento es Luz, ¿qué estamos apreciando y reconociendo en este mundo cada día? ¿Necesitar, luego de estas preguntas, que una respuesta llegue a tu vida, es lo que te inquieta o te motiva?

Víctor Hugo Rojas

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